Diana J. Torres: sexualidad, performance y los límites del discurso sex-positivo
La primera vez que te acercas a Diana J. Torres cuesta saber exactamente qué está defendiendo. Habla de sexo, de cuerpo, de libertad, de romper normas… y al principio todo suena como una mezcla de provocación y performance sin un centro claro.
Su trabajo, entre el arte y el activismo, insiste mucho en la idea de que el cuerpo no es algo neutro ni privado, sino un espacio donde también se juegan normas sociales, poder y control. Y aunque al principio pueda parecer solo un discurso “extremo” o deliberadamente incómodo, poco a poco se entiende que la intención no es provocar por provocar.
Lo que plantea, en el fondo, es bastante simple pero incómodo: que muchas de las ideas que tenemos sobre sexualidad, deseo o vergüenza no son tan libres como creemos, sino aprendidas. Y que cuestionarlas no es solo una cuestión individual, sino también política.
Aun así, su forma de expresarlo sigue generando choque. Porque no todo el mundo está dispuesto a llevar esas ideas al mismo terreno en el que ella las plantea. Pero quizá ahí está precisamente el punto: en obligarte a mirar algo que preferirías no mirar… hasta que empiezas a entender por qué lo hace.
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